Siempre pienso, debe haber un día en el que un director se dice a si mismo: Ya
no hay vuelta atrás. Porqué tiene que haber un día en el que el compromiso ante
un proyecto debe ser suficiente como para desechar la posibilidad de abandonarlo,
de tirar por la borda ideas, personajes, tramas, planos y, en general,
cualquier cosa magnetizada por la película soñada. Y me pregunto: ¿Cuál es ese
día? ¿Cuándo llega ese compromiso absoluto? Pues hoy me he dado cuentta que ese
día no tiene nada que ver con firmar un contrato, recibir una alta suma o
conocer a tu actor favorito. Llevo ocho años escribiendo notas, escenas,
música. Tomando fotos, dibujando personajes y planos. Pensando sin cesar como
hacer eso o lo otro. Y todas esas acciones tienen un denominador común: una
película. Un proyecto al que mi cabeza ha sido fiel durante estos ocho años. Un
largo periodo de tiempo en el que la idea y yo mismo hemos vivido experiencias
intensas que nos han hecho madurar. Ese día, pues, no puede marcarse en el
calendario, pero existe, y en mi caso, haciendo balance, ya debió llegar hace
mucho tiempo.
Hola querido Pau Perrramon, desde Sant Cugat me he topado con este articulo tuyo ,me encanta.
ReplyDeleteEstoy haciendo trabajo de investigacion de lo que es Google+
A ver si me aclaro.
Si ves este comentario respondeme con un Whatsapp.
Un saludo.
Jordi Montane